Hubo una vez un niño limpiaparabrisas cuya infancia transcurrió cercana a semáforos ordenadores del tránsito vehicular citadino, donde el infante recaudaba miseras monedas que no le alcanzaban para comprarse ropa "decente" . Prefirió compartir sus escasas ganancias con sus progenitores (vendedores de la economía informal) antes que vestirse con decencia. La sociedad no perdonó al limpiaparabrisas cuendo éste llegó a la adolescencia lo capturó, linchó, lapidó, roció con gasolina y quemó vivo por su malvestir indecente y corriente lo predisponía a cometer supuestos hechos delictivos. La prensa independiente, honrada y digna, asi como la justa, digna y solidaria también lo lincharon gráficamente al presentar fotos amarillistas de primera plana que mostraban el malvestir del limpiaparabrisas como prueba irrefutable de la necesidad de la aplicación de justicia por mano propia. Luego de aroojarle cada cual la última escupida (puesto que estaban libres de pecado), se retiraron a sus hogares cristianos para pedir perdón a Dios por haber desperdiciado gasolina en estos tiempos de crisis energética globalizadora.
Juan Sagüí
Mundo interior
Misterio
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